A Yoko
La casa se llenó de agujas,
pero no se puede huir
de las palabras que no se han dicho,
Hay adioses como abejorros encarnados
yo quise detenerlos,
retenerte dentro, un rato más, una noche más
una vida más .
Pero no se puede huir cuando uno
ha regresado muchas veces
al mismo nombre
a la misma noche,
a tu forma de oscuridad.
Aunque esa no era la misma noche.
No era igual que las otras.
La cama se lleno de suturas de tristeza,
descosidos de tristeza
sexo de tristeza
Y nos miramos como se miran
los perdedores que saben
que ya no hay nada que hacer
contra las personas en que hoy se han convertido.
Por eso no dije nada cuando se cerró la puerta,
por eso no te hable de las agujas,
adioses que hinchan su amargura en la garganta.
Ni de unos labios mordidos de vergüenza
que susurraban: no llorar, no llorar, no llorar.

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