miércoles, 23 de julio de 2008

Rubia con heridas


Tu ya sabías que volvería a irme
siempre más tarde
siempre más lejos;
dejando a la intemperie
nuestras noches imprevistas,
cicatrices sin costra
que necesitan la fuga
y la saliva incipiente
que se quedará sin respuesta.

Coso despedidas con disimulada tragedia
mientras maldices tu inmovilismo de estatua griega.
Brindemos por las botellas vacías
y por la cosecha del incendio.
Todo eso cambiará
pero me quedarán tus ojos,
las preguntas que cambias por un trago de mistela,
la gota de labio que te cae en la cara,
el rizo rebelde que la orquilla no alcanza.

Y encontraremos aun otras maneras de inventarnos
nuestra historia
de diosas complicadas,
de resacas ausentes,
la ciudad anónima que inventará tu reflejo
y en tus ojos, el cofre, de mis besos bohemios.

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